¿Cómo eran las primeras cajas registradoras de la historia?

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Una caja registradora era un equipo que permitía guardar el dinero tras una venta. La primera caja registradora fue inventada por el estadounidense James Ritty en 1879. Su objetivo era evitar que los empleados le robaran dinero. Con la colaboración de su hermano John, patentó el invento en 1883.

Poco después, Ritty vendió los derechos de la máquina a Jacob H. Eckert, quien en 1884 los vendió a la empresa de John H. Patterson. Fue este último quién mejoró el sistema, incorporando un rollo de papel que permitía registrar las transacciones.

Fue precisamente Patterson quien, a través de su empresa National Cash Register, comercializó las cajas registradoras y extendió su uso a los comercios y a las empresas. Su generalización supuso toda una revolución en el control del efectivo que ha llegado hasta nuestros días.

Te contamos la evolución de la caja registradora

Tanto el sistema como las funciones de las cajas registradoras han cambiado mucho desde el siglo XIX. Hoy en día, el desarrollo tecnológico ha permitido crear equipos muy eficientes y con múltiples prestaciones.

A aquellos primeros modelos que solo permitían contabilizar las ventas y guardar el dinero, le siguieron las cajas registradoras electrónicas. Unos equipos que incorporaban tareas de contabilidad, control de mercancías y stock, gestión de productos o formas de pago diferentes.

La llegada de Internet ha permitido la creación de nuevos sistemas que permiten una alta conectividad. Una tableta es, hoy en día, una caja registradora a la que se puede acceder desde cualquier parte del mundo, en cualquier momento, y llevar un perfecto control del punto de venta. Los dispositivos inteligentes permiten que cualquier comercio pueda realizar tareas complejas para administrar mejor su negocio.

Conoce las curiosidades de las primeras cajas registradoras

Los primeros modelos de cajas registradoras incorporaban, incluso, distintos sonidos en función del empleado que las usara. Era la forma que tenía el empresario de llevar un mayor control de su dinero.

Al principio, las cajas registradoras no entregaban recibo por la venta, sin embargo, los constantes cambios en las políticas fiscales de los países, obligaron a introducir un sistema que permitiese contabilizar los ingresos para el pago de impuestos.

Hasta que no se generalizó el uso de las tarjetas de crédito o de débito, el pago siempre se hacía en efectivo. Hoy en día, ya casi no se maneja dinero en metálico en los comercios y las cajas registradoras incorporan sistemas de lectura de tarjetas cada vez más sofisticados.

Una aportación que supuso una auténtica revolución, fue la incorporación de los lectores de códigos de barras, cuya patente se hizo por primera vez en 1952. El sistema permitió mejorar el control de las mercancías, de las ventas, agilizar la venta y reducir los errores, ya que los trabajadores dejaron de verse obligados a memorizar los precios o a consultar las listas.

Así las cosas, del ábaco se ha pasado a todo un sistema digitalizado que ofrece el máximo control para cualquier tipo de negocio. Los ordenadores y los dispositivos inteligentes con software específico, han sustituido las cajas registradoras automáticas, y aquellas primeras, forman parte de los elementos vintage de nuestra economía.

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